¿Sabías que determinados relojes artesanales requieren hasta cien mil horas de trabajo? La producción mecanizada marcó un antes y un después en la industria relojera, al acortar sensiblemente los tiempos de desarrollo y el precio por unidad. Longines es una de las marcas que más ha contribuido a dinamizar esta «revolución». De ahí que los Relojes Longines en Vigo sean tan apreciados entre los consumidores con mayor cultura relojera.
Suiza y su établissage —producción separada de componentes relojeros— sentaron las bases de la futura industrialización de este mercado, aunque la uniformidad y volumen de producción estaban aún muy lejos de lo esperado.
Uno de los precursores de la aplicación de procesos mecanizados en el desarrollo de relojes fue el estadounidense Aaron Lufkin Dennison, de la Waltham Watch Company. En su busca de un modelo menos artesanal, capaz de aprovechar los grandes avances de la Revolución Industrial, lograron introducir varias novedades, como la posibilidad de intercambiar ciertas piezas.
Sus innovaciones no pasaron desapercibidas a Longines. La firma suiza fue una de las primeras en beneficiarse de la producción mecanizada después de que su a la postre director técnico, Jacques David, asistiera a la Exposición Universal de Filadelfia.
Como resultado, el catálogo de Longines dio la bienvenida al primer reloj concebido siguiendo los nuevos modelos de producción: el calibre 20H. No es casualidad que este cronógrafo sea el primero de la marca destinado a la medición precisa de intervalos de tiempo.
Posteriormente, la relojería siguió evolucionando en pos de la producción masiva de unidades, sin que la calidad, diseño y eficacia de sus componentes se resintiera. Otra de las mayores zancadas vino de la mano de Swatch, responsable de automatizar el ensamblaje y reducir al mínimo indispensable las piezas utilizadas. La adopción del carbono y otros materiales sofisticados ha contribuido al avance de este mercado.