Acné estival: ¿qué es y por qué se produce?

La proliferación de granos y pústulas cutáneas no siempre se relaciona con la edad, el estrés o el desequilibrio hormonal. Con frecuencia, su aparición coincide con el periodo estival, caracterizado por sus altas temperaturas y una mayor exposición solar. Este tipo de acné, conocido formalmente como Acne aestivalis, es uno de los campos de acción más desconocidos del dermatólogo especialista acne Vigo.

El acné estival se ha vinculado con el exceso de radiación ultravioleta, esencialmente, y se propaga por el cuello, los hombros y el pecho, además del rostro. Aunque los rayos UVA son a priori beneficiosos para las células de la piel y ejercen una función antiinflamatoria, la sobreexposición hace mella en los cutis más sensibles, por tres razones: incrementa el riesgo de deshidratarse, aumenta la sudoración y predispone la propagación de bacterias como la Cutibacterium acnes.

Las condiciones ambientales de la estación más cálida del año están en el origen de los síntomas del acné estival. Por un lado, el termómetro experimenta cambios drásticos en un lapso breve, lo que desencadena un aumento en la producción de sebo, una especie de grasa segregada naturalmente por las glándulas de la piel. Dado que las bacterias responsables del acné se alimentan de esa grasa, las temperaturas elevadas se convierten en un factor de riesgo.

La exposición solar directa conlleva diversos peligros para la piel. Siempre se piensa en las quemaduras como la única amenaza, pero en realidad, el acné de verano surge como consecuencia de la sequedad producida por el sol y la obstrucción de los poros en la frente, las mejillas y otras zonas del cutis.

La polución ambiental también influye en el acné estival. Cuando llega el buen tiempo y las vacaciones de verano, el usuario pasa una mayor cantidad de horas al aire libre, recibiendo partículas contaminantes que perjudican su epidermis.