Cómo preparar a los niños para ocasiones solemnes

El comportamiento, la actitud o la ropa de comunion y otras ocasiones solemnes revisten una gran importancia. Sin embargo, los menores de edad son propensos a cometer errores de protocolo o tomarse a chanza la trascendencia de estos eventos. Prepararlos adecuadamente no consiste solo en obtener un traje o vestido formales, aunque la primera impresión depende en parte de la etiqueta.

Al planificar una comunión u otra ceremonia formal, un primer paso consiste en buscar una indumentaria compatible tanto con las convenciones y normas del evento como con los gustos personales del niño. Sería inútil encontrar ese conjunto ideal de pantalón y blusa con cuello marinero si el ‘peque’ se avergüenza al vestirlo.

Comprender el significado del evento al que se asiste es primordial. La corta edad no es un obstáculo para entender, por ejemplo, la relevancia de una comunión y su papel en el crecimiento religioso o la vocación cristiana. El objetivo es que su actitud y comportamiento esté a la altura de las circunstancias, sin perder la naturalidad.

Por supuesto, el protocolo y los buenos modales no están reñidos con la edad. Guardar silencio cuando corresponde, comunicarse en voz baja o demostrar reverencia y respeto durante la celebración son normas básicas de comportamiento, sobre todo en entornos religiosos.

Este saber estar debe obedecerse también en el trato y las interacciones con otros invitados. Los menores son naturalmente proclives a las bromas y los juegos, tolerables solo antes de comenzar la celebración, por razones evidentes.

Con planificación y esfuerzo, es posible lograr todo lo anterior, pero dejar estas obligaciones para el último momento es un fracaso anunciado. Por importantes que sean las normas de conducta, se desaconseja mostrarse demasiado severo con el niño o amonestarlo continuamente en público. En el mejor de los casos, no conseguirá más que aumentar su estrés y disgusto.