Sin permiso no hay paraíso: la importancia de la autorización para visitar las Islas Cíes

Por su valor turístico y ecológico, las Islas Cíes son la gran ‘perla’ del Parque Nacional de las Islas Atlánticas y uno de los lugares más visitados de Galicia. Cualquier incursión en este archipiélago topa, sin embargo, con un trámite bastante desconocido: la obligación de solicitar un permiso ante la Xunta de Galicia. Disponer de esta autorización es condición sine qua non incluso para tramitar la reserva del barco a cíes desde baiona, Vigo o Cangas.

Desde su declaración de espacio protegido en los años ochenta, las autoridades competentes han adoptado distintas medidas encaminadas a preservar la biodiversidad y los ecosistemas de las Islas Cíes. Sus resultados hablan favorablemente de estas iniciativas. La calidad medioambiental del archipiélago vigués ha sido reconocida en fechas recientes con el Sello Observer, la distinción Quality Coast o la Bandera Azul que ondea en dos de sus playas, Rodas y Figueiras.

Con la expedición de autorizaciones, se logran distintos objetivos, como la vigilancia del aforo limitado, una medida esencial para impedir que el turismo genere daños al frágil entorno natural de las Cíes. Hoy este aforo es inferior a las dos mil visitas al día.

Restringir el tráfico de visitantes facilita su control in situ, pues las normas de comportamiento son más restrictivas que en otros destinos naturales. Siempre existe un porcentaje minoritario de los turistas que puede incumplirlas de forma accidental o deliberada si los guardas no supervisan sus acciones.

Sin un control mínimo de las entradas y salidas, las Islas Cíes sufrirían las consecuencias de la sobrecarga turística, sumándose así a otros espacios protegidos dañados por este motivo. Para muestra, el cierre de la isla filipina de Boracay debido a la contaminación de sus aguas o el estado actual del campamento base del Everest, al que los medios tildan hoy de «basurero» por la acumulación de plásticos y botellas de oxígeno.