Colas, fallos informáticos y otros incidentes probables en aeropuertos

La burocracia y las ineficiencias siguen complicando la vida al cliente de las aerolíneas. Antes de embarcar, los pasajeros se enfrentan a una ‘carrera’ de obstáculos y una lucha contra el tiempo. Este desafío comienza con la llegada a los aparcamientos oficiales, donde la escasez de plazas se agrava durante la temporada alta, provocando toda clase de retrasos en el aeropuerto Lavacolla, Barajas, El Prat, etcétera.

Reservar el parking y encaminarse al aeropuerto con tiempo suficiente es la mejor forma de minimizar los retrasos. Prescindir del ticket físico es, a priori, una decisión inteligente porque se elimina el riesgo de extraviar este comprobante. Además, la identificación con código QR y otras soluciones digitales es más rápida y eficiente.

No obstante, la dependencia de los sistemas informáticos también es fuente de problemas para el usuario. Así lo demostró el reciente caos desatado por un fallo informático de Microsoft y CrowdStrike, generando retrasos y cancelaciones en más de treinta mil vuelos.

En respuesta a las crisis tecnológicas, pese a ser causa de fuerza mayor, el viajero puede protegerse obteniendo un respaldo físico de sus documentos, planificando su llegada con mayor antelación o contratando un seguro que cubra incidentes de esta naturaleza.

En cualquier aeropuerto, el grueso de los contratiempos son atribuibles a la falta de personal en los controles de seguridad. Cuando el volumen de pasajeros supera ciertos límites, estas zonas actúan como cuellos de botella. En muchos casos, los retrasos en el control de seguridad se ‘heredan’ de los mostradores de facturación. Se crea así un círculo vicioso en toda regla.

Si las conexiones entre vuelos son demasiado ajustadas, se produce otro conflicto usual en aeropuertos: cualquier pequeño retraso puede conducir a la pérdida del segundo vuelo, sobre todo en travesías internacionales que obligan a cruzar de nuevo por los controles de seguridad.